se van

“el mundo estaba a punto de cambiar”…así terminaba la pasada entrada.

se van

me formé escuchando que había familias dependientes de los servicios sociales, “enganchadas” a las prestaciones, a la ayuda del estado. Luego,  trabajando, observé que los profesionales de lo social creíamos, por nuestra forma de trabajar y valorar, que sin “nosotros” estas familias no podrían salir adelante, que vivían gracias a nuestra eficaz respuesta y así podían mantenerse…de padres a hijos. De tal manera que la relación entre profesionales y familias se volvía cada vez más estrecha y duradera. Nos permitíamos llamarles entre colegas,  “los tal o los cual”. Familias grandes, numerosas… cuyos nuevos hijos en lugar de ser bienvenidos eran sentidos con un…algo habrá que hacer…¡otra vez está embarazada! como si los hijos fueran nuestros.

En este último año he conocido a una familia numerosa que en diferentes momentos de su historia han necesitado utilizar los servicios sociales, los cuales han hecho su labor para que la familia “tire palante”. Una familia tildada de los “tal” y que se les miraba con cierto recelo, “atados en corto” por si no cumplían “los mínimos”.

La crisis ha agudizado las dificultades en las familias. Falta de trabajo,  no hay dinero y las ayudas públicas han desaparecido. Esta familia de origen español, como otras que llegaron a nuestro país, ha tomado la decisión de irse, dejar todo lo que habían construido y buscar nuevas alternativas. Se van con sus hijos y la esperanza que cada uno de ellos atesoran. Se van para ellos, por el amor que les tienen.

Quiero declarar la admiración por esta familia y por todas las que en estos días confían en ellos mismos, en el futuro y en que “el mundo está a punto de cambiar”.

El mundo ya ha cambiado y familias fuertes, aunque definidas como débiles y profundamente confiadas, son las que nos están mostrando lo que está por llegar. Los servicios sociales son/somos tan solo una posibilidad sin otra pretensión que la de estar cuando se nos necesite…no antes, ni después. Y en ese momento será necesario estar a la altura de los tiempos, de lo que se requiera. Las familias hace tiempo que comenzaron a caminar por esta década. Y nosotros  profesionales de lo social ¿dónde nos hemos quedado?

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