tan sólo éxito

gustav klim

en educar con estrella creemos firmemente en el potencial natural de cualquier persona y en su capacidad para brillar. Para esto no es necesario hacer nada, tan solo ser…y olvidarse por un instante de los juicios, de los debería, de las comparaciones y de lo que nos aleja de nosotros mismos y del valor de la vida cotidiana.

Este lunes llegó al trabajo una chica con su bebé de tres meses. Con ella compartí piso junto con otros chicos y otros compañeros educadores. Con ella recuerdo momentos tranquilos apoyados en la barandilla de la terraza, viendo pasar coches por la tarde o por la noche al empleado del ayuntamiento regando la calle con la tenue luz de las farolas… Hablaba y yo escuchaba o escuchaba y yo hablaba. Ella me contaba de su vida e imaginaba su futuro. A los dos nos gustaba ver la serie entre fantasmas y estábamos de acuerdo en que el doblaje de la protagonista no estaba muy logrado. Vivíamos lo cotidiano con la tranquilidad y los agobios que tiene solo lo cotidiano y estaba bien.

Un día ella se fue, creo que ya tenía 18 años. Marchó tranquila, se despidió tranquila. Ella se fue como  sabía, otros también se fueron de otras formas, también como sabían.

Después, en varias ocasiones, nos encontramos para tomar un café y charlar un ratín para contarnos de la vida, para seguir, para saber cómo, por dónde.

Un día la encontré en la sala de espera del centro de salud. Tenía que  hacerse una analítica. Me dijo con su media sonrisa que estaba embarazada. Me alegré tanto como el abrazo que la propiné.

Este lunes se acercó a nuestro trabajo, porque los lunes es cuando estamos todos los educadores reunidos,  y llegó con su bebé de tres meses a visitarnos. Rápidamente nos preparamos para ir a tomar un café, como otros lunes en el bar de los lunes. Ella estaba entre nosotros y el niño también. Pasó de brazos en brazos hasta que llegó a los míos. Sentí la emoción de la vida, de la vida que Ella había pasado, toda su vida con todo lo que tuvo, con todo lo que Ella vivió. En mis brazos por un instante pude contemplar y sostener su éxito y me pareció absolutamente enorme. Después Ella lo tomó y girándose 180 grados le dio el biberón. Mientras el resto de compañeros vivían el alborozo, el cansancio o esperanza de un lunes, de un lunes cualquiera.

autor: Santiago González Mayor

 

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