no hay peor cuña que la del propio árbol

árbol y cuña

El dolor de los hijos impacta directamente en el corazón de los padres.

Dolor real, visible a todas luces y a todas las personas del entorno, familiares y amigos que en silencio o cuando no les oyen comentan la desgracia, la pena que ha llegado a esa casa.

¿Qué nos pudo pasar, que podemos hacer? se preguntan los padres que llegan a nuestras asesorías.

Padres que ya no pueden más, que se sienten amenazados, agredidos en cada contestación de sus hijos, en el desprecio de la indiferencia.

Dicen de hijos agresores y padres víctimas. Padres que absorben una y otra vez reacciones descontroladas, portazos y amenazas.

Hijos que se sienten la peor cuña, la manzana podrida. Hijos que ya han rebasado el límite de vergüenza ajena y que ya no saben cual es el camino del perdón. No creen que exista penitencia que les devuelva la mirada de respeto hacia los que le dieron la vida.

Y al mirar desde la distancia, nos encontramos con una cuña y un árbol. ¿Puede hacer tanto daño un trocito de madera, una astilla  a todo un árbol?

La cuña es parte del resto de la madera, es su origen y su ser. Ha crecido reconociéndose parte. Y ahora sabe cómo puede causar más daño puede, donde clavarse para herir. Y el árbol se deja, prefiere que ocurra antes de dejarla partir o de rechazarla.

Hijos que producen dolor donde saben que duele, padres que permiten que esto ocurra o que se siente pequeños ante tanta herida.

Cuando los padres se sienten árbol, grandes y sobretodo dignos. Cuando están convencidos que han hecho lo que han podido y que así tuvo que ser. Cuando los padres no se sienten víctimas ni agresores de una infancia, adolescencia en la que permitieron de todo, o en la que fueron estrictos con sus hijos. Cuando salen de la impotencia, de su propio dolor, de su historia… entonces podrán arrancarse la astilla del tronco y decir a su hijo. Basta.

Basta y continua tu camino. Ya tienes edad para sostener tu propio destino. Eres de nuestra madera, eres parte de esta familia, siempre lo serás pero ya no necesitamos que sigas provocando dolor.

Hay hijos que ofrecen su vida por los padres. Hay hijos que infringen dolor por el dolor de los padres.

Son los padres, el árbol grande, los que hacen el primer movimiento hacia el respeto, hacia la salud aunque esto signifique decir adiós. Un adiós que siempre es un hasta pronto.

porque la cuña que más se ama es la del propio árbol.

VIOLENCIA FILIO-PARENTAL. I CONGRESO NACIONAL EN ESPAÑA. ABRIL 2015 EN MADRID

autor: Santiago González Mayor

ilustraciones: Cristina Álvarez Almirante

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