Poder y lástima

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A veces,  los adultos,  padres, madres, educadores, cansados y sin recursos, piden un cambio a sus hijos desde la pena. Apoyándose en la lástima y el dolor que sus acciones pueden provocar. En ese mismo instante, el hijo se convierte en perpetrador y el adulto en víctima esperando que el hijo al que ama, sienta ese mismo amor-dolor por sus padres y les “libre” de más sufrimiento e impotencia.

Palabras como perpetrador, víctimas…pueden sonar graves e hirientes, más si se trata de la relación entre padres e hijos, entre educandos y educadores.

Quizá esta dinámica pueda funcionar…en algún caso. Lo que es cierto que ni el adulto, ni el joven salen fortalecidos para su vida.

Tanto la pena, como la agresividad nos colocan ante un hecho que entendemos desequilibrado, sin orden. La persona adulta se siente pequeña, retorna a la infancia, a la niñez (dónde posiblemente sus padres tampoco pudieron estar disponibles  para ellos) y el joven se descubre abandonado y sin la contención necesaria para seguir creciendo. Se descubre “abusador” y no puede mirar ni a sus padres, ni al dolor que está causando con su conducta. Pero tampoco sabe qué hacer, cómo cambiar. Es probable que  continúe haciendo daño.

Con esa actitud agresiva y desafiante, los jóvenes, esperan que sus padres, educadores vuelvan  a ser ellos mismos, adultos capaces de acoger, manejar, contener y/o rechazar su actitud incomprensible hacia personas que ama, pero no honra.

Es necesario que el adulto se separe de esta situación, que pueda dar uno o varios pasos hacia atrás, para sentir el apoyo de la familia, red social, profesionales y tomar la fuerza y el poder necesarios para sentir los años que realmente tienen, para asumir el rol que les toca y tomar las decisiones que sean necesarias. Con autoridad, dignidad y por amor.

Los hijos, educandos…necesitan este “poder” de los mayores para sentirse y colocarse en su sitio. Para sentirse parte de los suyos y poder amar sin rabia, ni enfado, ni dolor.

No te apagues… necesitan luz

autor: Santiago González Mayor

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2 comentarios en “Poder y lástima

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