quizá llegue la primavera

ilustración quizá llegue la primavera

Estos días la primavera apunta en cada brote que encuentro al caminar.
El sol toma protagonismo. Ya le dejan que caliente, mientras la helada del amanecer se escapa no más tarde de las diez.
Y mientras espero que la luz gane a la tarde, el recuerdo de este invierno va quedando cada vez más lejos.
Y es que aquí, en este norte de España, los inviernos nos envuelven con el frío entre nieblas y nieves. A mi me gusta que ocurra, que exista está sensación helada donde nos encogemos para llenarnos de lo nuestro, para respirar el frío que limpia como cuchillas a su paso hasta el lugar más oculto de los pulmones.
Es el invierno el que nos llena de lo auténtico, de la raíz más profunda, de aquello que es honesto y por tanto transparente y cortante como el hielo.
El otro día, aquella mujer que se entrevistó conmigo, me mostró todos y cada uno de sus inviernos. Cada una de sus palabras caían plomizas como copos de nieve, sus lágrimas aparecían como escarcha. En su invierno no había temblor. Simplemente era, era necesario.
Al terminar la entrevista el sol ya perfilaba rojizo los límites de León y al sentarme en el coche esperé un instante para arrancar. Para saber qué pronto llegará la primavera. Eso sí, no para todos por igual.

wp-1458238682986.jpegautor: Santiago González Mayor

ilustración: Cristina Álvarez Almirante

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