El día de tu madre y mi madre

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No es fácil vivir si tu madre no está.

No es fácil levantarse cada día y descubrir que quien te da los buenos días no es tu madre, ni la persona que te acompaña al colegio, ni tan siquiera la que prepara la comida, ni la que te pilla en tu última travesura.

No es fácil vivir sin abrazarse a sus rodillas cuando tienes miedo, sin abrazarse cuando estás triste, sin escuchar su voz mientras canta, te desenreda el pelo o te manda a comprar el pan.

Y revivir una y otra vez el aire frío que apareció cuando tu mano se separó de la suya. Aire que se convirtió en viento y que fue helando cada rincón de tu alma.

No volviste a saber nada de ella y sin ella creciste. Probaste a negar su existencia y convertiste tu enfado en su presencia.

Soy educador de niños, niñas, chicos y jóvenes. Muchos de ellos viven lejos de lo que un día fue su casa.

Reconozco la Vida en ellos.  Tan sólo vida y en cada vida, a cada una de sus madres. Y ocurre que me hago tan pequeño como puedo y vuelvo al corazón de mi propia madre. Estiro un pié, una mano y descubro las paredes del útero. Siento que me estrecha en su pecho, que me arropa al acostarme y disfruta satisfecha al verme crecer, progresar, regresar y devolverle un gracias al entregarle a sus nietos.
Ser hijo me convierte en mejor educador.
Reconocer a mi madre es reconocer a las madres de los chicos.
Al mirarles, siento un profundo respeto. Reconozco su origen y me convierto en impulsor de su futuro.

Ellos están aquí y viven. Con el frío o el calor, con la presencia o con su ausencia.

Todos tienen madre, todos somos hijos.

 

Autor: Santiago González Mayor
Ilustradora: Cristina Álvarez Almirante

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quizá llegue la primavera

ilustración quizá llegue la primavera

Estos días la primavera apunta en cada brote que encuentro al caminar.
El sol toma protagonismo. Ya le dejan que caliente, mientras la helada del amanecer se escapa no más tarde de las diez.
Y mientras espero que la luz gane a la tarde, el recuerdo de este invierno va quedando cada vez más lejos.
Y es que aquí, en este norte de España, los inviernos nos envuelven con el frío entre nieblas y nieves. A mi me gusta que ocurra, que exista está sensación helada donde nos encogemos para llenarnos de lo nuestro, para respirar el frío que limpia como cuchillas a su paso hasta el lugar más oculto de los pulmones.
Es el invierno el que nos llena de lo auténtico, de la raíz más profunda, de aquello que es honesto y por tanto transparente y cortante como el hielo.
El otro día, aquella mujer que se entrevistó conmigo, me mostró todos y cada uno de sus inviernos. Cada una de sus palabras caían plomizas como copos de nieve, sus lágrimas aparecían como escarcha. En su invierno no había temblor. Simplemente era, era necesario.
Al terminar la entrevista el sol ya perfilaba rojizo los límites de León y al sentarme en el coche esperé un instante para arrancar. Para saber qué pronto llegará la primavera. Eso sí, no para todos por igual.

wp-1458238682986.jpegautor: Santiago González Mayor

ilustración: Cristina Álvarez Almirante

os regalo al hombre a la mujer

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cuando vine al mundo mi hermano ya no vivía en casa. Para mi él estaba siempre y siempre le esperaba para hacer lo que no se debía. Sus vacaciones eran una aventura del que mira con sorpresa  lo desconocido. Mi hermano vivió lejos y su viaje no ha cesado. Conoció las entrañas del ser humano, más allá de lo que otros no miran.  Un día  me dijo que el mayor viaje está dentro de cada uno.

Ayer me regaló “HUMAN”

Este es mi regalo para cada uno de vosotros, de vosotras. Sería tan hermoso que pudierais verlo solos o acompañados de alguien, de alguien que ames.

Inspiración: Rafael González Mayor

autor: Santiago González Mayor

Ilustración: Cristina Álvarez Almirante

secreto o exclusión

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La verdad puede ser el camino hacia el destierro:  Apartado por la vergüenza . Negado de la mirada sin juicio de la familia, de los amigos, vecinos. Buscando otros lugares, echando tierra de por medio para ser uno más, uno más sin historia. Inventarse otra sonrisa que sabe que es una miserable mueca. Y todo ello por  reconocer el error cometido. Por un error o por tantos. Reconocer la verdad, ser el responsable del dolor cometido tiene un precio: la vergüenza y la deshonra familiar y social. Y lo que hasta entonces estaba unido se va rompiendo como la piedra que impacta en la luna de un cristal. Nada volverá a ser lo mismo. ¿Se puede siempre con la verdad? ¿Las familias están dispuestas, preparadas para la verdad? ¿Siempre es tiempo para la verdad?

Y es entonces cuando algunos miembros de la familia, quizá aquellos que fueron preparados para ello, guardan esa verdad para que todo no se derrumbe sobre sus cabezas. Para seguir siendo parte, para permanecer, para continuar. Y aquellos que guardan los secretos cargan también con la verdad, la vergüenza y el dolor…
Y pasa el tiempo y las generaciones de guardianes de los secretos familiares, se pasan también las verdades escondidas. Hasta que la familia ya está preparada para sostener su verdad. Y alguien, no el más fuerte, no el más valiente, deja que aparezca lo que fue.

Y algunos, al descubrirlo, se avergonzarán, otros sentirán un dolor ancestral y otros,  respetarán lo que nunca fue suyo pero que les permitió ser y estar. Mirarán hacia delante sabiendo que quizá, ya cargan con sus propios secretos.

autor: Santiago González Mayor

ilustradora: Cristina Álvarez Almirante

 

 

¿qué es educar con estrella?

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“Después de cenar, hace sólo unos días, sacamos un árbol genealógico que un primo lejano había dibujado. Mi madre comenzó a contarnos y mi sobrina Sara descubrió de dónde venía y cuántas personas sostenían sus magníficos 18 añazos”

Cada persona que nos cruzamos por la calle, en la cola del super, viendo un partido sentado en una grada, en el trabajo, la escuela, cine… atesora la vida de todos y cada uno de sus ascendientes. Es “tan sólo” parte de una cadena de vida. Cuando esa persona mira abiertamente su historia y comienza a poner nombre a sus padres, abuelos, bisabuelos…  y descubre en cada uno la vida que les tocó, con su salir adelante, sus historias, proyectos… Se encuentra con un mundo inmenso y seguramente desconocido hasta ese momento. Un mundo suyo, al que pertenece con más raíces que el propio mundo en el que vive o se imagina.

Y al mirarse como uno más de ese gran todo, se ve como “resultado final” como el logro de una larga cadena. Se mira las manos y las descubre llenas y dispuestas . Incluso cuando averigua que, para que su existencia fuera posible, hizo falta dolor y sacrificio. Y en ese instante de consciencia puede decir gracias.

Al mirarse hoy tan “antiguo” y tan “nuevo” se olvida de lo que le falta, de los continuos reclamos, de las injusticias y comienza a caminar. Primero un paso y luego otro.

Esa es la estrella que poseemos. La mera existencia. La certeza de ser lo que otros fueron para que cada vida fuera posible. Y es y cada día vuelve a ser. Cada uno con su luz, cada quien con su energía y todos desde el éxito. El éxito de saberse parte y convencidos de que sin ellos, sin nosotros, el futuro no será posible.

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autor: Santiago González Mayor

ilustradora: Cristina Álvarez  Almirante

Poder y lástima

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A veces,  los adultos,  padres, madres, educadores, cansados y sin recursos, piden un cambio a sus hijos desde la pena. Apoyándose en la lástima y el dolor que sus acciones pueden provocar. En ese mismo instante, el hijo se convierte en perpetrador y el adulto en víctima esperando que el hijo al que ama, sienta ese mismo amor-dolor por sus padres y les “libre” de más sufrimiento e impotencia.

Palabras como perpetrador, víctimas…pueden sonar graves e hirientes, más si se trata de la relación entre padres e hijos, entre educandos y educadores.

Quizá esta dinámica pueda funcionar…en algún caso. Lo que es cierto que ni el adulto, ni el joven salen fortalecidos para su vida.

Tanto la pena, como la agresividad nos colocan ante un hecho que entendemos desequilibrado, sin orden. La persona adulta se siente pequeña, retorna a la infancia, a la niñez (dónde posiblemente sus padres tampoco pudieron estar disponibles  para ellos) y el joven se descubre abandonado y sin la contención necesaria para seguir creciendo. Se descubre “abusador” y no puede mirar ni a sus padres, ni al dolor que está causando con su conducta. Pero tampoco sabe qué hacer, cómo cambiar. Es probable que  continúe haciendo daño.

Con esa actitud agresiva y desafiante, los jóvenes, esperan que sus padres, educadores vuelvan  a ser ellos mismos, adultos capaces de acoger, manejar, contener y/o rechazar su actitud incomprensible hacia personas que ama, pero no honra.

Es necesario que el adulto se separe de esta situación, que pueda dar uno o varios pasos hacia atrás, para sentir el apoyo de la familia, red social, profesionales y tomar la fuerza y el poder necesarios para sentir los años que realmente tienen, para asumir el rol que les toca y tomar las decisiones que sean necesarias. Con autoridad, dignidad y por amor.

Los hijos, educandos…necesitan este “poder” de los mayores para sentirse y colocarse en su sitio. Para sentirse parte de los suyos y poder amar sin rabia, ni enfado, ni dolor.

No te apagues… necesitan luz

autor: Santiago González Mayor

interruptor

verano

Cuando me extiendo junto al mar,
existe el agua y su palpitación
y un cielo azul cuya profundidad
es demasiado grande para mí.

Sentir el mar, su lentitud viviente,veranin
es la magnificencia y el olvido,
pero sentir la vida de los camaradas
en ser el camarada de uno mismo.

El cielo inmóvil tiene su razón, lo sé,
pero la razón que hay en nosotros
existirá aún cuando este cielo
haya sido borrado por el viento y el frío.

Antonio Gamoneda